Ayer visité a Marta Cabrera en su oficina. Había dejado de pasar por ese piso por lo menos durante cuatro meses. Los encuentros con Marta son gratificantes, no sólo por su buen humor y buena onda sino porque siempre termino saliendo con alguna recomendación para leer.
En esta última visita, le pregunté por el internacional situacionismo. Sabía que en su curso ella usa la sociedad del espectáculo de Guy Debord. También había encontrado una película en google video. Supe de un libro en el que se habla de la ciudad situacionista. En fin. El tema ronda como en su momento empezó a rondar el tema de la computación física.
Pues bien, tras salir con la referencia de rastros de carmín de Greil Marcus, hice lo de siempre: buscar en internet. Y encontré una breve historia de internacional situacionismo (IS) en la revista cuaderno de pensamiento.
La recuperación de la vida cotidiana de las manos del consumo, la posibilidad de una ciudad circo, el arte de la mezcla (remix) para resignificar la cultura, son ideas vigentes. Sin embargo, quisiera rescatar uno de los puntos expuestos por Mateo Rello, autor del articulo, en el cual describe lo que es una situación y así, relanzarlo al tema de la computación física:
El procedimiento consiste en emplear todos los medios tecnológicos, tras su expropiación por el proletariado revolucionario, con el fin de crear ambientes, escenarios, situaciones en fin —siempre transitorias—desde las que un individuo o varios puedan satisfacer un deseo o vivir deliberadamente determinada aventura. El objetivo último de esta técnica implica una revolución casi antropológica dado que persigue nada menos que la creación de nuevos sentimientos.
En realidad, puede encontrarse en el situacionismo la necesidad y posibilidad de hackear la sociedad del espectáculo, entendida esta más allá que es su dimensión mediática. Rello termina por describir la pertinencia del situacionismo para seguir ayudandonos a entender “las sutilezas de nuestra esclavitud”, y allí reduce la capacidad de intervención que aun se vuelven más relevantes frente a la dimensión todavía más fragmentaria que ha devenido con la virtualización de varias actividades humanas.
No sólo se trata de entender, sino como el mismo Rello dice, se trata de jugar jugar (y) jugar.
